Los Templos de Abu Simbel: Los Colosos que se Salvaron del Agua
Abu Simbel son dos templos colosales excavados en la roca en el extremo sur de Egipto, junto al lago Nasser, construidos por Ramsés II. La fachada del Gran Templo luce cuatro estatuas sentadas del faraón de unos veinte metros. En los años sesenta se cortaron en bloques y se trasladaron sesenta y cinco metros más arriba para salvarlos de las aguas de la presa, una de las mayores hazañas de la ingeniería arqueológica. Dos veces al año, el sol ilumina su santuario interior.

Qué es Abu Simbel
Abu Simbel es uno de los conjuntos más espectaculares del antiguo Egipto, situado en plena Nubia, en el extremo sur del país, cerca de la frontera con Sudán y a orillas del inmenso lago Nasser. Lo forman dos templos excavados directamente en la roca de la montaña por orden de Ramsés II hacia el siglo XIII antes de nuestra era. El Gran Templo estaba dedicado al propio Ramsés II, divinizado, y a los grandes dioses del país, mientras que el Templo Pequeño se consagró a su esposa favorita, la reina Nefertari, y a la diosa Hathor.
La imagen que todo el mundo conoce es la fachada del Gran Templo, con sus cuatro colosos sentados de Ramsés II, de unos veinte metros de altura, que vigilan la entrada con expresión serena y poderosa. Era un monumento pensado para impresionar a quien llegaba por el sur a las tierras de Egipto, y lo sigue logrando hoy. Es la joya del Egipto más meridional, complemento perfecto a la ciudad de Asuán que se descubre en qué ver en Asuán.
El rescate del siglo
La historia más asombrosa de Abu Simbel no es antigua, sino reciente. En los años sesenta del siglo XX, la construcción de la gran presa de Asuán iba a crear el lago Nasser, cuyas aguas habrían sepultado para siempre los templos bajo decenas de metros de agua. Para evitar esa perdida irreparable, la Unesco organizó una de las operaciones de salvamento más extraordinarias de la historia: entre 1964 y 1968, un equipo internacional corto literalmente los templos en más de mil bloques gigantescos, numerados uno a uno.
Después, pieza a pieza, los volvieron a montar sesenta y cinco metros más arriba y unos doscientos metros más atrás, sobre una colina artificial, recreando incluso la montaña que los albergaba. El resultado es tan perfecto que hoy casi nadie diría que estos templos milenarios fueron trasladados. Fue una hazaña de ingeniería que unió a decenas de países para salvar un tesoro de la humanidad, y una de las grandes historias del patrimonio mundial.
El milagro del sol
Los antiguos egipcios eran maestros de la astronomía, y Abu Simbel lo demuestra de forma espectacular. El Gran Templo se orientó con tal precisión que, dos veces al año, los rayos del sol naciente penetran por la puerta, recorren los sesenta metros del interior y van a iluminar las estatuas del santuario más profundo. La luz baña a Ramsés II y a los dioses solares, pero deja siempre en penumbra a Ptah, el dios asociado a la oscuridad y al mundo de los muertos.
Este fenómeno, conocido como el milagro del sol, ocurre alrededor del 22 de febrero y del 22 de octubre, fechas que se relacionan con momentos clave de la vida del faraón. Lo más asombroso es que, al trasladar los templos, los ingenieros lograron mantener casi exacta esa alineación milenaria. Esos días el lugar se llena de visitantes que acuden de madrugada para presenciarlo, uno de los espectáculos más mágicos de Egipto.
Cómo visitar Abu Simbel
Abu Simbel se visita desde Asuán, de la que dista unos trescientos kilómetros. Se puede llegar por carretera, en un trayecto de unas tres horas por el desierto que suele hacerse de madrugada para evitar el calor y llegar con la primera luz, o bien en un corto vuelo desde Asuán, la opción más cómoda. La visita a los dos templos lleva un par de horas, y la mayoría de los viajeros la organizan como excursión de un día. Nuestro tour a Abu Simbel desde Asuán sale de madrugada, con guía egiptólogo en español y las entradas de los dos templos incluidas.
Lo ideal es combinar Abu Simbel con la propia Asuán, el bellísimo templo de File y un crucero por el Nilo, para conocer todo el sur de Egipto en un mismo viaje. Conviene ir con guía para entender la historia de los templos y del rescate. Nosotros lo incluimos a medida en nuestros paquetes a Egipto, con traslados, entradas y egiptólogo.

El traslado de Abu Simbel, paso a paso
El traslado de Abu Simbel es una de las mayores operaciones de ingeniería patrimonial de la historia, y conocer como se hizo cambia por completo la visita.
El problema: el embalse iba a cubrir los dos templos, excavados en un acantilado de arenisca a orillas del río. Se estudiaron alternativas, incluida la de construir un dique alrededor y dejarlos bajo el agua tras un cristal, y la de elevarlos enteros con gatos hidráulicos.
La solución adoptada fue cortarlos. Se construyó primero una ataguía para contener el agua, se retiró la roca sobrante y se serro el conjunto en más de mil bloques de decenas de toneladas cada uno, con sierras manuales de hilo para que el corte fuera lo más fino posible y las juntas apenas se notaran después.
Cada bloque se numeró, se levantó con grúa y se trasladó a una plataforma unos sesenta metros más arriba y unos doscientos metros tierra adentro, donde se volvieron a montar en el mismo orden.
Después se construyó alrededor una montaña artificial con estructura de cúpulas de hormigón cubiertas de roca, para reproducir el acantilado original. Esa cúpula es visitable por detrás y es una de las partes más sorprendentes del sitio.
Qué hay dentro
La fachada con los cuatro colosos se lleva todas las fotografías, y el interior es igual de notable y bastante menos conocido.
Se entra a una gran sala sostenida por pilares con estatuas osiriacas del rey adosadas, alineadas a ambos lados. Los muros laterales están cubiertos por escenas de campaña militar, incluida la batalla más publicitada de su reinado, desplegada en un friso de gran tamaño con el campamento, los carros y el rey en su carro.
Detrás se suceden salas cada vez más pequeñas y más oscuras, hasta el santuario del fondo, donde hay cuatro estatuas sentadas talladas en la propia roca.
El templo pequeño, dedicado a la esposa real y a la diosa Hathor, tiene su propia fachada con seis colosos, y es excepcional por un motivo: la reina aparece representada a la misma escala que el rey, algo prácticamente inédito en el arte egipcio, donde la esposa real suele figurar a la altura de sus rodillas.
Dentro, las columnas rematan en el rostro de la diosa con orejas de vaca y conservan color en varias zonas.
Por qué está ahí y no en otro sitio
La ubicación, a más de doscientos kilómetros al sur de Asuán y cerca de la frontera actual, no es casual y responde a una lógica muy concreta.
Era territorio nubio, y Egipto lo controlaba por sus recursos: oro, marfil, ébano, incienso y pieles llegaban por esta ruta desde el interior de África. Mantener el dominio de la zona era una prioridad económica.
Un templo de esta escala, tallado en el acantilado y visible desde el río, funcionaba como declaración política dirigida a quien navegara hacia el norte: aquí empieza el poder del faraón. Los colosos de veinte metros no estaban pensados para el visitante, estaban pensados para el viajero que llegaba desde el sur.
Refuerza esa lectura el hecho de que en el santuario el rey aparezca sentado entre los grandes dioses del estado y a la misma escala que ellos. No es un templo dedicado a un dios con el rey como oficiante: es un templo donde el rey es uno de los dioses.
Práctico: cómo se visita hoy
- Desde Asuán por carretera, con salida de madrugada, en un trayecto largo a través del desierto. Es la fórmula habitual y consume buena parte de la jornada.
- Por aire, con vuelo interno de corta duración, que resuelve la visita en una mañana y conserva la tarde.
- Por el lago, en los cruceros que recorren los templos nubios y terminan aquí. Es la opción menos conocida y la más espectacular en cuanto a llegada.
- Durmiendo en la localidad, que permite ver el sitio sin el grueso de los grupos y asistir al espectáculo nocturno.
Dentro de los templos no se permite fotografiar en determinadas zonas y se controla. Hay que llevar agua, gorra y protección solar, porque la explanada frente a la fachada no tiene ni un metro de sombra.
Y una recomendación sobre el acceso: se llega rodeando la montaña artificial por un camino que oculta la fachada hasta el último momento. Merece la pena hacerlo mirando al suelo y levantar la vista al doblar la curva.
La experiencia de llegar de madrugada y el fenómeno solar los contamos en Abu Simbel al amanecer. La obra que obligó al traslado está en la Alta Presa de Asuán, y el resto de la zona en excursiones en Asuán.
Preguntas frecuentes sobre los templos de Abu Simbel
¿Qué son los templos de Abu Simbel?
¿Por qué se trasladaron los templos de Abu Simbel?
¿Qué es el milagro del sol en Abu Simbel?
¿Cómo se llega a Abu Simbel?
¿Merece la pena visitar Abu Simbel?
¿Cómo se visita Abu Simbel con el resto de Egipto?
¿Dónde está Abu Simbel?
En el extremo sur de Egipto, en la orilla occidental del lago Nasser, a unos doscientos ochenta kilómetros al sur de Asuán y muy cerca de la frontera con Sudán. Por eso se visita casi siempre desde Asuán, en una excursión de día completo por carretera o en un vuelo corto.
¿Cómo es un tour a Abu Simbel desde Asuán?
Se sale del hotel o del crucero en Asuán hacia las cuatro de la madrugada, se cruzan unas tres horas de desierto y se llega con la primera luz. La visita al gran templo de Ramsés II y al de Nefertari dura unas dos horas con el guía, y se vuelve a Asuán a primera hora de la tarde. Si prefieres no madrugar tanto, existe la versión con noche en Abu Simbel.
¿Cuánto miden las estatuas de Abu Simbel?
Los cuatro colosos sentados de Ramsés II en la fachada del Gran Templo miden unos 20 metros cada uno. En el templo pequeño, seis estatuas de pie de unos 10 metros representan a Ramsés y a la reina Nefertari, esculpida al mismo tamaño que el faraón, algo muy poco habitual en el arte egipcio.
Ponte frente a los colosos de Ramsés el Grande
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