Guía de Alejandría

Qué Ver en Alejandría: La Perla Mediterránea de Egipto

Alejandría, fundada por Alejandro Magno, es la perla mediterránea de Egipto, una cara cosmopolita y marinera muy distinta a la del Nilo. Lo imprescindible: la ciudadela de Qaitbay, sobre el solar del legendario Faro; las catacumbas de Kom el-Shoqafa; la moderna Biblioteca de Alejandría; el Pilar de Pompeyo; y un paseo por su corniche frente al mar. Se visita como excursión de un día desde El Cairo o, mejor, en una o dos jornadas con calma.

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La Ciudadela de Qaitbay en Alejandría con su reflejo en el agua, muros de piedra dorada bajo un cielo azul y la corniche junto al Mediterráneo

Una cara distinta de Egipto

Después de las pirámides y los templos faraónicos, Alejandría sorprende por su personalidad totalmente distinta. Aquí no manda el desierto, sino el Mediterráneo: una larga corniche frente al mar, brisa marina, cafés con solera y un aire decadente y elegante que recuerda a su pasado cosmopolita. Fundada por Alejandro Magno en el siglo cuarto antes de Cristo, fue la gran capital del mundo helenístico, hogar de su mítica biblioteca y de su faro, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Más allá de la ciudad, a lo largo de la costa hacia el oeste, está El Alamein: los memoriales de la Segunda Guerra Mundial y las playas de la costa norte, un buen día extra desde Alejandría.

De aquella Alejandría griega y romana queda menos de lo que su leyenda promete, porque buena parte yace bajo el mar o la ciudad moderna, pero lo que se conserva, sumado a su ambiente único, la convierte en una visita muy recomendable. Es la cara griega y mediterránea de Egipto, un contrapunto perfecto al Egipto de los faraones que recogemos en la guía de qué ver en Egipto.

Qué ver en Alejandría

La ciudadela de Qaitbay frente al mar en Alejandría, con un grupo escolar pasando junto a sus murallas

Estos son los grandes imprescindibles de la ciudad.

Ciudadela de Qaitbay

La ciudadela de Qaitbay frente al mar en Alejandría, con un grupo escolar pasando junto a sus murallas

La fortaleza medieval que se alza sobre el solar exacto del antiguo Faro de Alejandría, con vistas al puerto y al Mediterráneo. El símbolo de la ciudad.

Catacumbas de Kom el-Shoqafa

Una espectacular necrópolis subterránea de época grecorromana, donde se mezclan el arte egipcio, griego y romano. Una de las joyas escondidas de la ciudad.

Biblioteca de Alejandría

La espectacular biblioteca moderna, levantada en homenaje a la legendaria de la antigüedad, con su arquitectura impresionante junto al mar.

Pilar de Pompeyo

Una colosal columna romana de granito rojo, superviviente del antiguo templo del Serapeo, junto a las esfinges que la acompañan.

La nueva biblioteca merece un capítulo propio por su historia y su simbolismo; lo contamos en la guía de la Biblioteca de Alejandría. Para añadir Alejandría a tu paso por la capital, mira las excursiones desde El Cairo.

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Más qué ver y el ambiente de la ciudad

Más allá de los grandes monumentos, Alejandría se disfruta paseando. El Museo Grecorromano reúne piezas de su esplendor clásico; los jardines del Palacio de Montaza, junto al mar, son perfectos para un paseo; y el animado anfiteatro romano de Kom el-Dikka muestra la herencia clásica en pleno centro. Pero quizá lo mejor sea simplemente recorrer la corniche, sentarse en un café histórico y probar el pescado fresco del Mediterráneo, que aquí es excelente.

Ese ambiente marinero, más relajado y europeo que el del resto del país, es parte del encanto de Alejandría. Es una ciudad para vivirla sin prisa, dejándose llevar por su melancolía elegante y su luz mediterránea. Por eso, aunque muchos la visitan en un día desde El Cairo, quien puede quedarse a dormir descubre su lado más auténtico al atardecer.

Cómo llegar y cuántos días

Alejandría está a unas tres horas por carretera de El Cairo, o algo menos en tren rápido, lo que la hace perfecta como excursión de un día desde la capital. Con esa fórmula ves lo principal, aunque algo apretado. Si dispones de más tiempo, una o dos jornadas con noche incluida permiten disfrutarla con calma y vivir su ambiente al atardecer, que es cuando más brilla.

La mejor época para visitarla es de primavera a otoño, cuando el Mediterráneo acompaña; en invierno puede haber días de viento y lluvia, más propios de una ciudad costera. Lo más cómodo es añadirla a tu estancia en El Cairo con guía y transporte, ya que sus puntos de interés están algo dispersos. Nosotros la incluimos a medida en nuestros paquetes a Egipto, junto a lo imprescindible como las pirámides de Giza.

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La cubierta inclinada de cristal y piedra de la Biblioteca de Alejandría junto al mar

Fortaleza de Qaitbay en Alejandría vista en tres cuartos con la bandera egipcia, una palmera y cielo despejado junto al mar Mediterráneo

El Alamein y la costa norte, a un paso de Alejandría

A unos ciento diez kilómetros al oeste de Alejandría, hora y media por la carretera de la costa, está El Alamein, el nombre que la Segunda Guerra Mundial hizo famoso. Aquí se libraron en 1942 las batallas que frenaron el avance de Rommel hacia el Nilo, y el lugar conserva sus huellas con respeto.

Qué ver en El Alamein

El museo militar de El Alamein reúne vehículos, uniformes y mapas de la campaña del desierto, y a pocos kilómetros están los cementerios y memoriales de los ejércitos que lucharon aquí: el cementerio de la Commonwealth, sobrio y cuidadísimo, y los memoriales alemán e italiano, levantados sobre el mar. Es una visita que conmueve incluso a quien no es aficionado a la historia.

Nueva Alamein y las playas del Mediterráneo

Junto al pueblo histórico ha crecido Nueva Alamein, una ciudad nueva de torres y paseos frente a algunas de las aguas más claras del Mediterráneo, en la costa que los egipcios llaman el Sahel. En verano es el gran destino de playa del país para los propios egipcios; para el viajero, combina bien con Alejandría en una excursión de día completo desde El Cairo o como extensión de dos días.

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La ciudad que está bajo el agua

Buena parte de la Alejandría antigua no esta perdida: esta sumergida a pocos metros de profundidad en la propia bahía. Terremotos, maremotos y el hundimiento lento del terreno llevaron al fondo el puerto real, barrios enteros y probablemente los restos del faro.

Las campañas de arqueología subacuática de las últimas décadas han cartografiado ese fondo y han recuperado esfinges, columnas, estatuas colosales y bloques de granito de tamaño enorme, algunos atribuidos al propio faro. Varias de esas piezas se exponen hoy en superficie y otras se han dejado donde estaban.

Frente a la costa, algo más al este, se localizaron además dos ciudades portuarias que se conocían solo por los textos griegos y de las que se dudaba incluso que hubieran existido, con templos, anclas, monedas y estelas.

Para el visitante hay una consecuencia concreta: existe la posibilidad de bucear sobre parte de esos restos, con operadores locales y sujeto a condiciones de mar y a autorización. La visibilidad es limitada y no se parece al mar Rojo, pero pocas inmersiones del mundo tienen un fondo así.

El rastro griego, que hay que buscar

Alejandría fue durante siglos una ciudad griega y después romana, y esa capa está menos señalizada que la islámica o la moderna. Merece la pena ir a buscarla porque es lo que hace distinta la ciudad.

La colina del Serapeo, donde estuvo el gran templo de Serapis y la biblioteca hija, conserva galerías subterráneas, nichos donde se guardaban rollos y la única columna monumental que sigue en pie en la ciudad, visible desde lejos.

La tumba de Alejandro Magno, en cambio, no se ha encontrado nunca pese a estar documentada por autores antiguos que dicen haberla visitado. Es uno de los grandes objetivos pendientes de la arqueología y ha generado decenas de excavaciones fallidas por toda la ciudad.

Hay también una Alejandría literaria del siglo veinte que sigue en pie y que muchos visitantes buscan: la casa del poeta que la convirtió en su tema, los cafés del centro, los edificios de estilo europeo del paseo marítimo. Es una ciudad que se ha escrito a sí misma mucho, y eso se nota al recorrerla.

Comer aquí es parte de la visita

Si hay una razón no monumental para venir, es la cocina. Alejandría es una ciudad mediterránea y come como tal, lo que la diferencia por completo de la capital.

El sistema en los restaurantes de pescado es el mismo que en cualquier puerto del Mediterráneo y conviene conocerlo para no perdérselo: se entra, se mira el género en hielo, se elige la pieza, se pesa delante de ti y se acuerda como quieres que la preparen, normalmente a la parrilla o al horno con sal. Llega acompañada de ensaladas, pan y salsas que se sirven sin pedirlas.

La ciudad tiene además su propia tradición de pastelería y de cafés históricos, herencia de las comunidades griega, italiana y levantina que la habitaron, y varios de esos locales siguen abiertos con su mobiliario original.

Un consejo práctico: pregunta el precio por kilo antes de que pesen la pieza. No es desconfianza, es el procedimiento normal, y evita la única sorpresa desagradable posible en una comida que por lo demás suele ser excelente.

Sobre cuánto tiempo dedicarle: en un día largo desde la capital se ve lo esencial, pero la ciudad gana mucho durmiendo allí una noche, porque el paseo marítimo al atardecer y la cena de pescado son la mitad de la experiencia. Si te interesa el episodio del desciframiento que empieza precisamente en esta zona, tenemos guía de la Piedra de Rosetta, y en paquetes a Egipto puedes ver qué itinerarios la incluyen.

Cómo es la ciudad hoy, sin idealizarla

Merece la pena decir con franqueza que Alejandría no es una ciudad monumental al modo de Luxor, y quien llegue esperando eso se llevará un chasco. Es una gran ciudad mediterránea, densa, ruidosa y con un patrimonio muy fragmentado.

Su encanto es de otro tipo: el paseo marítimo largo, los edificios de principios del siglo veinte en distintos estados de conservación, los tranvías, el mercado de pescado, los cafés antiguos y una luz y una humedad que no se parecen en nada a las del valle del Nilo.

También es una ciudad más conservadora en la calle que las zonas turísticas del mar Rojo, y conviene vestir en consecuencia. Y el tráfico es intenso: moverse en hora punta lleva más tiempo del que sugiere el mapa.

Con esas expectativas ajustadas, es una de las visitas que más satisface a quien ya conoce el Egipto faraónico y quiere ver otra cara del país. A quien viene por primera vez y tiene pocos días, casi siempre le compensa más el sur.

Preguntas frecuentes sobre qué ver en Alejandría

¿Qué ver en Alejandría, Egipto?
Lo imprescindible es la ciudadela de Qaitbay, sobre el solar del antiguo Faro; las catacumbas de Kom el-Shoqafa; la moderna Biblioteca de Alejandría; el Pilar de Pompeyo; y un paseo por la corniche. A esto se suman el Museo Grecorromano, los jardines de Montaza y el anfiteatro romano.
¿Merece la pena visitar Alejandría?
Sí, por su personalidad totalmente distinta a la del resto de Egipto: es la cara griega y mediterránea del país, con su corniche, su ambiente cosmopolita y su pasado helenístico. De la antigüedad queda menos de lo que promete su leyenda, pero su atmósfera única la hace muy recomendable.
¿Cómo se llega a Alejandría desde El Cairo?
Alejandría está a unas tres horas por carretera de El Cairo, o algo menos en tren rápido. Es perfecta como excursión de un día desde la capital, aunque para disfrutarla con calma y vivir su ambiente al atardecer conviene quedarse una o dos jornadas con noche incluida.
¿Qué era el Faro de Alejandría?
El Faro de Alejandría fue una de las siete maravillas del mundo antiguo, un coloso que guiaba a los barcos a la entrada del puerto. Fue destruido por terremotos y hoy, sobre su solar exacto, se alza la ciudadela medieval de Qaitbay, construida en parte con sus piedras.
¿Cuántos días se necesitan para ver Alejandría?
Lo principal se ve en un día, como excursión desde El Cairo, aunque algo apretado por la dispersión de sus puntos de interés. Con una o dos jornadas y noche incluida se disfruta con calma, dando tiempo a pasear la corniche, probar el pescado y vivir su ambiente al atardecer.
¿Cuándo es mejor visitar Alejandría?
De primavera a otoño, cuando el Mediterráneo acompaña con buen tiempo. En invierno, al ser una ciudad costera, puede haber días de viento y lluvia. Las estaciones intermedias y el verano permiten disfrutar de la corniche y la luz mediterránea en las mejores condiciones.
¿Dónde está la tumba de Alejandro Magno?

Nadie lo sabe. Tras su muerte en Babilonia, Ptolomeo I se llevó su cuerpo a Egipto; primero descansó en Menfis y después en un mausoleo de Alejandría, el Soma, que visitaron Julio César y Augusto. Las fuentes dejan de mencionarlo a finales de la Antigüedad y, pese a cientos de búsquedas, la tumba no se ha encontrado. Lo más probable es que esté bajo la ciudad moderna.

¿Qué ciudad es hoy Alejandría?

Es la segunda ciudad de Egipto y su gran puerto en el Mediterráneo, una ciudad moderna y animada que conserva un aire cosmopolita, con su paseo marítimo, la Corniche, cafés históricos y barrios de estilo europeo. De la Alejandría de los Ptolomeos queda poco a la vista, porque la ciudad antigua está bajo la actual y bajo el mar, pero sí la Biblioteca moderna, las catacumbas de Kom el Shoqafa y la fortaleza de Qaitbay.

¿Qué ver en El Alamein?

El museo militar de la campaña del desierto, el cementerio de la Commonwealth y los memoriales alemán e italiano de la Segunda Guerra Mundial, todos cerca unos de otros. Junto a ellos, Nueva Alamein ofrece playas de agua muy clara en la costa mediterránea.

¿A qué distancia está El Alamein de Alejandría?

A unos ciento diez kilómetros al oeste, alrededor de hora y media en coche por la carretera de la costa. Por eso se suele combinar con Alejandría en una excursión de día completo desde El Cairo.

¿Qué es Marsa Matruh?

Una ciudad costera del Mediterráneo, a unos trescientos kilómetros al oeste de Alejandría, famosa por sus playas de agua turquesa y arena blanca, como la de Agiba o el llamado Baño de Cleopatra. Es un destino de verano muy egipcio; para el viajero internacional encaja como extensión de playa tras Alejandría y El Alamein.

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