Isis era la diosa egipcia de la magia, la maternidad y la protección, esposa de Osiris y madre de Horus. Se la reconoce por el trono que lleva sobre la cabeza, que es el jeroglífico de su nombre, o por los cuernos de vaca con el disco solar. Devolvió la vida a Osiris y protegió a su hijo hasta que fue rey. Su gran templo está en Filae, en Asuán, y su culto llegó hasta Roma.

Muchos dioses egipcios fueron poderosos durante un tiempo y luego se apagaron. Isis hizo el camino contrario: empezó como una diosa más de la familia de Osiris y terminó siendo la más venerada de todo el Mediterráneo, con templos en Grecia, en Italia y en las provincias del Imperio romano. Fue también la última divinidad egipcia a la que se rindió culto en su propio templo, cuando el resto del país ya era cristiano.
En esta guía te contamos quién era, qué papel tiene en el mito de Osiris, por qué se la consideraba la gran maga, cómo reconocerla en los muros y, sobre todo, dónde se la ve mejor durante el viaje, empezando por su templo de Filae.
Isis es el nombre griego de la diosa que los egipcios llamaban Aset. Su nombre significa probablemente asiento o trono, y por eso su emblema más antiguo es precisamente un trono, el que lleva sobre la cabeza en tantos relieves. La idea es poderosa: Isis era el trono en el que se sentaba el rey, la que le daba el derecho a gobernar.
Según la teología de Heliópolis, era hija de Geb y Nut, la tierra y el cielo, hermana de Osiris, Set y Neftis, y esposa de Osiris. Su papel abarca casi todo lo que importaba en la vida de un egipcio: era la madre protectora, la curandera, la maga capaz de vencer a la muerte y la plañidera que lloraba a los difuntos. Por eso la querían por igual los reyes y la gente sencilla.
Todo lo que se sabe de Isis gira alrededor de una historia: la muerte de su esposo. Cuando Set asesinó a Osiris y arrojó su cuerpo al Nilo encerrado en un cofre, Isis lo buscó por todo Egipto y más allá, hasta Biblos, en la costa de Fenicia. Cuando Set lo despedazó y esparció los trozos, volvió a buscarlos uno a uno con la ayuda de su hermana Neftis.
Reunido el cuerpo y envuelto por Anubis, Isis se transformó en un milano, un ave rapaz, y con el batir de sus alas devolvió a Osiris el aliento el tiempo suficiente para concebir un hijo. Ese hijo era Horus, y Isis lo dio a luz y lo crio escondida en los pantanos de papiro del Delta, lejos de Set, que quería matarlo.
Los textos cuentan que allí Horus sufrió todo tipo de peligros, picaduras de escorpión incluidas, y que su madre lo curó cada vez con su magia. Por eso, durante siglos, los egipcios recurrieron a Isis cuando un niño enfermaba: las fórmulas mágicas contra picaduras y fiebres invocaban lo que Isis había hecho por su hijo.
Los egipcios la llamaban la grande en magia, y uno de sus mitos explica de dónde sacó ese poder. Ra, el dios sol, ya era viejo y babeaba. Isis recogió un poco de su saliva, la mezcló con tierra y modeló una serpiente, que dejó en el camino por el que Ra pasaba cada día. La serpiente le mordió, y como estaba hecha de su propia sustancia, ningún dios podía curarle.
Isis se ofreció a sanarlo con una condición: que Ra le dijera su nombre secreto, el que contenía su poder. Ra, desesperado por el dolor, acabó revelándoselo, e Isis lo curó. Desde entonces conocía el nombre del dios más poderoso, y con él tenía acceso a una magia que ningún otro dios igualaba. Para un egipcio, conocer el nombre verdadero de algo era tener poder sobre ello, una idea que explica también la importancia de los nombres escritos en los jeroglíficos y los cartuchos.
Isis cambia de aspecto según la época, así que conviene conocer sus tres formas principales:
Su amuleto propio es el tit, el llamado nudo de Isis, un lazo de tela parecido al anj pero con los brazos caídos. Solía tallarse en jaspe rojo y se colocaba sobre la momia como protección. Lo explicamos junto a otros símbolos en amuletos del antiguo Egipto.

El gran santuario de Isis está en Filae, una isla del Nilo justo al sur de Asuán. Lo que se ve hoy es sobre todo de época ptolemaica y romana, entre los siglos III a. C. y III d. C., cuando reyes griegos y emperadores romanos se hacían representar como faraones haciendo ofrendas a la diosa. Es uno de los templos más bonitos de Egipto: se llega en barca y aparece de repente entre las rocas, rodeado de agua.

Filae tiene además un lugar especial en la historia. Fue el último templo egipcio en funcionamiento: los sacerdotes de Isis siguieron celebrando su culto cuando el resto del país ya era cristiano, hasta que fue cerrado en el siglo VI por orden del emperador Justiniano. En sus muros está también la última inscripción jeroglífica fechada que se conoce, del año 394 de nuestra era. Después de esa línea, nadie volvió a escribir en jeroglíficos.
El templo que visitas no está en su isla original. Con la construcción de la presa de Asuán, la isla de Filae quedaba bajo el agua durante buena parte del año, y en los años setenta la UNESCO desmontó el templo piedra a piedra y lo reconstruyó en la vecina isla de Agilkia, remodelada para que se pareciera a la original. Te contamos cómo organizar la visita en el templo de Filae y cómo combinarla con la presa alta de Asuán.
Además de Filae, Isis aparece en muchos lugares del recorrido habitual:
Si quieres ver Filae con calma, nuestras excursiones en Asuán combinan el templo con la presa alta y un paseo en faluca por el Nilo al atardecer.
Cuando Alejandro Magno conquistó Egipto y los Ptolomeos se instalaron en Alejandría, Isis se convirtió en una diosa universal. Los griegos la identificaron con varias de sus diosas, los marineros la tomaron como protectora de la navegación, y su culto se extendió por todos los puertos del Mediterráneo. En Pompeya se conserva un templo de Isis que quedó sepultado por el Vesubio en el año 79, y en la propia Roma tuvo un gran santuario junto al Campo de Marte.
La reina Cleopatra se presentaba a sí misma como la nueva Isis, y sus monedas y estatuas lo muestran. Durante siglos, la diosa del trono y de la magia fue adorada por gente que nunca había pisado Egipto. Es difícil encontrar otra divinidad antigua que viajara tan lejos.
Era la diosa de la magia, la maternidad, la curación y la protección de los muertos. Esposa de Osiris y madre de Horus, devolvió la vida a su esposo tras ser asesinado por Set y protegió a su hijo hasta que recuperó el trono de Egipto.
Su nombre egipcio, Aset, significa probablemente asiento o trono. Por eso su emblema es un trono, que lleva sobre la cabeza, y por eso se la consideraba la fuente del poder del rey.
El trono sobre la cabeza, los cuernos de vaca con el disco solar, las alas extendidas y el tit o nudo de Isis, un amuleto de protección que solía tallarse en jaspe rojo.
Horus, el dios halcón, al que concibió con Osiris y crio escondida en los pantanos del Delta. Horus vengó a su padre y se convirtió en rey de Egipto, y cada faraón vivo se identificaba con él.
Su gran templo está en Filae, en Asuán, trasladado en los años setenta a la isla de Agilkia para salvarlo de las aguas de la presa. Hay también un pequeño templo de Isis en Dendera y uno muy conocido en Pompeya, en Italia.
Porque, según el mito, engañó a Ra con una serpiente hecha de su saliva y solo lo curó cuando él le reveló su nombre secreto, la fuente de su poder. Con ese nombre, Isis dominaba una magia que ningún otro dios igualaba, y la usó para devolver la vida a Osiris y curar a Horus.
Filae. Fue el último templo egipcio en funcionamiento: su culto se mantuvo cuando el resto del país ya era cristiano, hasta que el emperador Justiniano lo cerró en el siglo VI. En Filae está además la última inscripción jeroglífica fechada, del año 394.
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