El mar Rojo baña toda la costa este de Egipto, entre África y la península arábiga. Tiene tres grandes zonas para el viajero: Hurghada y sus bahías, Sharm el Sheikh y Dahab en el Sinaí, y Marsa Alam en el sur. Agua cálida todo el año, arrecifes de coral a pocos metros de la orilla y, desde Luxor, cuatro horas por carretera para cerrar el viaje con días de playa.

Casi todos los viajes a Egipto giran alrededor del Nilo: las pirámides, Luxor, Asuán y el crucero. Pero a pocas horas del valle hay otro país, el del mar Rojo, con aguas transparentes, peces de colores y un sol que no falla ni en enero. Muchos viajeros lo descubren en la última página del itinerario y se arrepienten de no haberle dado más días; otros lo convierten en el motivo del viaje.
Esta guía ordena ese mar para que elijas bien: dónde está exactamente, cómo son sus zonas, qué se hace en cada una, cuándo está el agua mejor y cómo se encaja con el resto de Egipto sin perder un día en traslados. Cada apartado enlaza con la guía detallada de su destino, escrita por el mismo equipo que te recibe en El Cairo.
El mar Rojo es un brazo del océano Índico encajado entre el noreste de África y la península arábiga. Mide más de dos mil kilómetros de norte a sur: por el sur se abre al océano por el estrecho de Bab el Mandeb y por el norte se une al Mediterráneo a través del canal de Suez. Es uno de los mares más cálidos y salados del planeta, y esa combinación explica sus arrecifes de coral.
Egipto ocupa toda su orilla occidental, desde Suez hasta la frontera con Sudán, y en el norte el mar se divide en dos golfos que abrazan la península del Sinaí: el de Suez al oeste y el de Áqaba al este. Por eso en Egipto se habla del mar Rojo como de dos costas distintas: la continental, con Hurghada y Marsa Alam, y la del Sinaí, con Sharm el Sheikh y Dahab.
Sobre el nombre hay varias teorías. La más citada habla de unas algas microscópicas que, en ciertas épocas, tiñen la superficie de un tono rojizo; otra lo atribuye al color de las montañas que lo rodean al atardecer, y otra a la antigua costumbre de nombrar los puntos cardinales con colores. Lo cierto es que el agua que verás es azul intenso y turquesa en la orilla.
Hurghada y sus bahías. Es la puerta de entrada más cómoda: aeropuerto internacional, la ciudad más grande de la costa y un rosario de bahías al sur con hoteles de playa, como Makadi, Soma Bay y Sahl Hasheesh. Al norte está El Gouna, una ciudad de lagunas y canales con puerto deportivo. Desde Hurghada salen los barcos a las islas Giftun y a Orange Bay, y está a unas cuatro horas de Luxor por carretera. Todo lo que se visita está en qué ver en Hurghada.
Sharm el Sheikh y el Sinaí. En la punta sur del Sinaí, con el parque nacional de Ras Mohammed y el estrecho de Tirán, dos de los mejores fondos marinos del mundo. Los arrecifes llegan hasta el pie de muchos hoteles, así que se hace snorkel desde la orilla. Desde aquí se sube de noche al monte Sinaí y se visita el monasterio de Santa Catalina. La guía completa está en Sharm el Sheikh.
Dahab. A una hora de Sharm, un pueblo de pescadores convertido en refugio de buceadores y viajeros sin prisa, con cafés sobre el agua y arrecifes a los que se entra caminando. Es la opción para quien busca ambiente y no un complejo hotelero: Dahab, en el Sinaí.
Marsa Alam y el sur. Unas tres horas al sur de Hurghada, con aeropuerto propio, la costa se vuelve más salvaje y menos construida. Es la zona de las tortugas marinas y de los arrecifes menos concurridos, ideal para quien quiere naturaleza y silencio: Marsa Alam.
La combinación que mejor funciona es terminar el viaje en la playa. Después de El Cairo y del crucero por el Nilo entre Asuán y Luxor, el traslado por carretera desde Luxor hasta Hurghada dura unas cuatro horas y llegas a la costa esa misma tarde. Tres o cuatro noches de mar Rojo convierten un circuito intenso en unas vacaciones completas, y el vuelo de vuelta sale desde Hurghada o desde El Cairo.
Nuestro programa de 12 días está pensado así: El Cairo, crucero por el Nilo con Abu Simbel, Luxor y un cierre de playa en Hurghada. Si prefieres empezar por el mar, el crucero por el Nilo desde Hurghada invierte el orden, y en el itinerario de Egipto y mar Rojo tienes el día a día de las variantes más habituales. Quien quiere todo resuelto en la costa suele mirar Hurghada todo incluido.
Para Sharm el Sheikh la lógica cambia: está en el Sinaí, lejos del valle del Nilo, así que se combina con un vuelo interno desde El Cairo o Luxor. Si dudas entre las dos costas, la comparación completa está en Hurghada o Sharm el Sheikh.
El mar Rojo se disfruta todo el año, pero cada estación tiene su carácter. En invierno, de diciembre a febrero, los días son soleados y templados, el agua ronda los veintiún o veintidós grados y sopla viento del norte, así que se nada con traje fino o se buscan bahías resguardadas. En primavera y en otoño, de marzo a mayo y de octubre a noviembre, el aire es cálido sin ser agobiante y el agua está en su punto: son los mejores meses para combinar playa con el Nilo.
En verano el agua supera los veintiocho grados y el mar es un baño, pero en tierra el calor aprieta, sobre todo en Marsa Alam. Es buena época solo para quien viene a la playa y al buceo y no piensa pasar muchas horas en los templos de Luxor al mediodía. La tabla mes a mes, con temperaturas de la costa y del valle, está en el tiempo en Egipto mes a mes.
Una regla sencilla que usamos al armar los itinerarios:
El coral es un animal vivo y tarda décadas en crecer, así que la regla de oro es no tocarlo ni ponerse de pie sobre él. Lleva escarpines para entrar al agua por las zonas de roca, usa protector solar respetuoso con los arrecifes y aplícalo con tiempo antes de bañarte. En los barcos, escucha las indicaciones de la tripulación sobre corrientes y puntos de entrada: en los arrecifes exteriores la corriente puede ser fuerte aunque el mar parezca tranquilo.
Bebe agua embotellada, protégete del sol a mediodía incluso en invierno y reserva las excursiones en barco con operadores serios, con chalecos y equipo en buen estado. Las zonas turísticas del mar Rojo son de las más visitadas del país; aun así, consulta siempre las recomendaciones oficiales de tu país antes de viajar, como para cualquier destino.
Entre el noreste de África y la península arábiga. Se abre al océano Índico por el estrecho de Bab el Mandeb y se une al Mediterráneo por el canal de Suez. Egipto ocupa toda su orilla occidental y, en el norte, las costas de los golfos de Suez y de Áqaba, que rodean la península del Sinaí.
No hay una única respuesta. La teoría más citada habla de unas algas microscópicas que en ciertas épocas tiñen la superficie de rojo; otras lo atribuyen al color de las montañas que lo rodean o a la antigua costumbre de nombrar los puntos cardinales con colores. El agua, en realidad, es azul y turquesa.
Depende del viaje. Hurghada y sus bahías son lo más práctico para combinar con Luxor y el crucero por el Nilo; Sharm el Sheikh tiene los mejores arrecifes y la subida al monte Sinaí; Marsa Alam es la más tranquila y natural, y Dahab la de más ambiente.
Sí, y es la combinación más pedida. Desde Luxor se llega a Hurghada por carretera en unas cuatro horas, así que se terminan el crucero y las visitas y se pasan tres o cuatro noches de playa antes del vuelo de vuelta, sin añadir vuelos internos.
De julio a octubre, cuando supera los veintiocho grados. En invierno baja a unos veintiún o veintidós grados, fresca pero agradable para nadar al mediodía. Primavera y otoño son el mejor equilibrio entre agua cálida y temperaturas cómodas en tierra.
Sí. Basta con saber nadar y llevar gafas, tubo y aletas. En Sharm el Sheikh, Dahab y Marsa Alam hay arrecifes a pocos metros de la orilla, y desde Hurghada las salidas en barco llevan a zonas poco profundas con guía y chaleco para quien lo necesite.
Cuéntanos cuántos días tienes y si el mar Rojo es el centro del viaje o el descanso final, y te proponemos la zona, el hotel y el orden que mejor encajan con el Nilo. Te responde una persona del equipo que te recibe en Egipto, en español.
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