Hatshepsut: La Mujer que Reinó como Faraón de Egipto
Hatshepsut fue una de las poquísimas mujeres que gobernaron el antiguo Egipto con el título pleno de faraón, hace unos tres mil quinientos años. Reino más de dos décadas en una época de paz, prosperidad y grandes obras, impulso expediciones comerciales y se hizo representar con los atributos masculinos del poder. Tras su muerte, hubo intentos de borrar su memoria, pero hoy se la reconoce como una gobernante excepcional.

Quién fue Hatshepsut
Hatshepsut fue una reina de la dinastía XVIII que vivió en el siglo XV antes de nuestra era, en pleno Imperio Nuevo, la época de mayor esplendor de Egipto. Era hija de un faraón y esposa de otro, su medio hermano Tutmosis II. Cuando este murió, el heredero al trono, Tutmosis III, era todavía un niño, así que Hatshepsut asumió el gobierno como regente, en su nombre, algo habitual para una reina viuda.
Pero Hatshepsut fue mucho más allá de lo esperado. En lugar de limitarse a guardar el trono, dio un paso sin apenas precedentes: se proclamó a sí misma faraón, con todos los poderes y títulos, y gobernó Egipto por derecho propio. Es una de las figuras más fascinantes de los faraones de Egipto, y su historia rompe muchos de los tópicos sobre el papel de la mujer en la antigüedad.
Una reina que se hizo faraón

Para legitimar su poder en una sociedad donde el faraón era casi siempre un hombre, Hatshepsut recurrió a la imagen. En muchas de sus estatuas y relieves se hizo representar con los atributos tradicionales del rey: el tocado real, el cuerpo masculino e incluso la barba postiza ceremonial, símbolo de la realeza divina. No era un intento de hacerse pasar por hombre, sino de mostrarse como un faraón de pleno derecho, según los códigos del arte de su tiempo.
También justifico su reinado por vía religiosa, afirmando que el dios Amón era su verdadero padre divino y que el propio dios la había destinado a gobernar. Esa combinación de habilidad política, propaganda y sentido del estado le permitió mantenerse en el trono durante más de veinte años, en una de las épocas más brillantes de la historia egipcia.
Un reinado de paz y grandes obras

El gobierno de Hatshepsut destacó por algo poco habitual en los faraones: en lugar de buscar la gloria en la guerra, la busco en el comercio, la riqueza y la construcción. Su mayor logro fue la famosa expedición al país del Punt, una tierra lejana de la que sus barcos regresaron cargados de incienso, mirra, oro, marfil, maderas preciosas y árboles vivos. Aquella aventura, narrada con detalle en los muros de su templo, fue un éxito económico y diplomático.
Hatshepsut impulso además un ambicioso programa de construcciones por todo Egipto, cuya joya es su espectacular templo funerario de Deir el-Bahari, en la orilla oeste de Luxor, uno de los edificios más bellos del país. Puedes conocerlo a fondo en nuestra guía del templo de Hatshepsut, una visita imprescindible para entender a esta reina.
El intento de borrar su memoria
La historia de Hatshepsut tiene un epílogo intrigante. Años después de su muerte, alguien ordenó borrar su nombre y su imagen de muchos monumentos: se picaron sus cartuchos, se destruyeron estatuas y se intento que pareciera que nunca había reinado como faraón. Durante mucho tiempo se pensó que fue una venganza inmediata de su sucesor, Tutmosis III, pero hoy se cree que la medida llegó mucho más tarde y respondía a razones políticas, quizá para asegurar una sucesión masculina sin precedentes incómodos.
Por suerte, el intento de borrarla fracaso. La arqueología moderna ha reconstruido su historia, e incluso se ha llegado a identificar su momia, devolviendo a Hatshepsut el lugar que merece como una de las grandes gobernantes de la historia universal. Su legado se admira hoy en el Gran Museo Egipcio y en los monumentos de Luxor.
La expedición al País de Punt
Si hay un episodio que define su reinado no es una guerra sino una expedición comercial. Hatshepsut envió una flota al País de Punt, en algún punto de la costa africana del mar Rojo o del cuerno de África, y mandó tallar el viaje completo en el porticado sur de su templo de Deir el Bahari.
El relieve funciona como un reportaje. Se ven los barcos cargándose, las casas de Punt construidas sobre pilotes y con escalera de acceso, los árboles de incienso transportados en cestos con su cepellón para replantarlos en Egipto, y la comitiva local que recibe a los egipcios. Aparece incluso la reina de Punt, representada con un cuerpo que los egipcios dibujaron con un realismo poco habitual y que ha generado bibliografía médica entera.
La carga que vuelve incluye mirra, incienso, ébano, marfil, oro, pieles y animales vivos. En el patio del templo se han localizado los hoyos donde se plantaron aquellos árboles, con restos de raíces. Es de los pocos casos en que un relieve egipcio se puede contrastar con la evidencia arqueológica del mismo sitio.
El sentido político es evidente. Una faraón cuyo acceso al trono era discutible necesitaba legitimarse, y una expedición que traia a Egipto el incienso de los dioses valía más que una campaña militar. El relieve lo presenta además como una orden del propio Amón.
Senenmut y la corte que la sostuvo
Ningún reinado se sostiene solo. El nombre que aparece por todas partes en el suyo es el de Senenmut, mayordomo real, administrador de Amón y tutor de la princesa Neferura, la hija de Hatshepsut. Se le atribuye la dirección de las obras de Deir el Bahari y llegó a conseguir algo insólito para un no miembro de la familia real: sus propias representaciones escondidas dentro del templo, detrás de las puertas de los nichos.
Senenmut se hizo construir dos tumbas, y el techo astronómico de una de ellas es el más antiguo conservado en Egipto. La relación entre ambos ha alimentado siglos de especulación, incluida una caricatura obscena garabateada por algún obrero en una cantera cercana, pero no existe ni un solo documento que confirme nada más allá de una confianza política excepcional.
Alrededor de ellos hubo una administración muy competente. El reinado no registra grandes campañas pero si expediciones a las minas del Sinaí, canteras reabiertas en Asuán, obeliscos levantados en Karnak y una restauración sistemática de templos dañados en el periodo anterior. Fue un gobierno de obra publica.
Dónde seguir su rastro hoy
El sitio obligatorio es su templo funerario en la orilla oeste de Luxor, del que hablamos en detalle en la guía del Templo de Hatshepsut. Su tumba está en el Valle de los Reyes y sus obeliscos siguen en pie en Karnak, uno de ellos entero y visible desde casi cualquier punto del recinto.
En El Cairo se conservan varias de las estatuas que fueron derribadas y arrojadas a una fosa delante del templo, recuperadas y recompuestas ya en el siglo veinte. Verlas restauradas después de conocer el intento de borrarla es una de esas experiencias que dan sentido a un museo. Para organizar la orilla oeste completa, nuestra página de excursiones en Luxor ordena las opciones por medio día y día completo.
Cómo se la representaba, y por qué
La iconografía de Hatshepsut evoluciona a lo largo del reinado y esa evolución se puede seguir estatua a estatua. Al principio aparece como reina, con cuerpo femenino y vestido ajustado. Después aparece con cuerpo masculino, faldellín corto, torso plano y la barba postiza ceremonial, pero conservando rasgos faciales suaves. Al final, en varias piezas, es indistinguible de cualquier otro faraón.
El cambio no responde a una cuestión personal sino de protocolo. El cargo de faraón tenía una imagen fija, con atributos concretos, y esa imagen era masculina porque todos los titulares anteriores lo habían sido. Presentarse con ellos no era disfrazarse: era ocupar el cargo con su uniforme, igual que se adoptaba el nombre de trono y la titulatura completa de cinco nombres.
Los textos lo confirman, porque en ellos se alterna el género con naturalidad. En una misma inscripción puede aparecer con pronombre femenino y con los epítetos masculinos del cargo. Para el escriba egipcio no había contradicción alguna, y ese detalle explica el reinado mucho mejor que cualquier teoría sobre su carácter o sus ambiciones.
Merece la pena cerrar con un dato que resume el personaje: su reinado duro alrededor de dos décadas, más que el de la mayoría de los faraones varones que la precedieron, y terminó sin guerra civil ni crisis sucesoria. El intento de borrarla llegó mucho después, y fracasó.
Preguntas frecuentes sobre Hatshepsut
¿Quién fue Hatshepsut?
¿Por qué se representaba con barba?
¿Qué logros tuvo el reinado de Hatshepsut?
¿Por qué intentaron borrar a Hatshepsut de la historia?
¿Se encontró la momia de Hatshepsut?
¿Dónde se puede conocer el legado de Hatshepsut?
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