Los Colosos de Memnón

Los Colosos de Memnón: Los Gigantes que Vigilan Luxor

Los Colosos de Memnón son dos enormes estatuas de piedra del faraón Amenhotep III, de unos dieciocho metros de altura, que vigilan la orilla oeste de Luxor desde hace más de tres mil años. Marcaban la entrada de su gigantesco templo funerario, hoy casi desaparecido. Fueron famosos en época grecorromana por el coloso que cantaba al amanecer. Son una parada clásica de camino al Valle de los Reyes.

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Los dos Colosos de Memnón de piedra erosionada se alzan frente a las colinas tebanas bajo un cielo con nubes en Luxor, Egipto

Qué son los Colosos de Memnón

Los Colosos de Memnón son dos estatuas gemelas y monumentales del faraón Amenhotep III, que reinó en el siglo catorce antes de Cristo, en pleno esplendor del Imperio Nuevo. Talladas en enormes bloques de cuarcita, miden alrededor de dieciocho metros y representan al faraón sentado en su trono, con figuras más pequeñas de su madre y su esposa a los lados de las piernas. Llevan más de tres milenios en el mismo lugar, en la orilla oeste de Luxor, soportando terremotos y crecidas.

Lo que hoy parecen dos gigantes solitarios en medio de los campos eran, en realidad, la entrada monumental de algo mucho mayor: el templo funerario de Amenhotep III, el más grande jamás construido en Egipto, hoy casi totalmente desaparecido bajo las crecidas y el paso del tiempo. Los colosos son lo poco que queda en pie de aquella maravilla. Para situarlos en el conjunto de la ciudad, mira la guía de la orilla este y oeste de Luxor.

La leyenda del coloso que cantaba

El nombre de Memnón y buena parte de su fama vienen de una curiosa leyenda de época grecorromana. Tras un terremoto que agrietó la estatua del norte, esta empezó a emitir al amanecer un sonido misterioso, una especie de canto o lamento, probablemente causado por el aire y la humedad al pasar por las grietas calentadas por el sol. Los antiguos griegos y romanos, fascinados, lo interpretaron como la voz del héroe mitológico Memnón saludando cada mañana a su madre Eos, la diosa de la aurora.

El fenómeno convirtió a los colosos en una de las grandes atracciones turísticas de la antigüedad: emperadores y viajeros romanos acudían al amanecer con la esperanza de oír cantar a la estatua, y algunos dejaron inscripciones contándolo. La voz se apago para siempre cuando, ya en época romana, se repararon las grietas de la estatua. Esa historia añade a la visita una capa fascinante: la de ser uno de los primeros destinos turísticos de la historia.

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Cómo visitarlos en Luxor

Un patio del templo de Karnak, en Luxor, flanqueado por estatuas osiríacas

Los Colosos de Memnón están junto a la carretera de la orilla oeste de Luxor, en el camino hacia el Valle de los Reyes y el templo de Hatshepsut, así que se visitan casi siempre como una parada rápida dentro del recorrido por la zona. No requieren entrada y la visita es breve, pero merece mucho la pena detenerse para apreciar de cerca su escala colosal y hacerse la foto clásica con los dos gigantes de fondo. Impresiona pensar en lo que debió de ser el templo al que daban entrada.

Lo habitual es verlos por la mañana, aprovechando la salida temprana hacia el Valle de los Reyes para esquivar el calor. Forman parte del programa de la orilla oeste que recogemos en la guía de qué ver en Luxor, y suelen ir incluidos en la parada de Luxor de un crucero por el Nilo. Nosotros los incluimos a medida en nuestros paquetes a Egipto.

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Los dos Colosos de Memnón en la orilla oeste de Luxor
Colosos de memnón luxor en Egipto

Qué había detrás de los colosos y por qué desapareció

Lo que hoy se ve como dos estatuas solitarias al borde de la carretera fue en su momento la entrada de uno de los templos más grandes que se construyeron en Egipto. Los colosos flanqueaban el primer pilono del templo funerario de Amenhotep III, un recinto que superaba en superficie a Karnak y que se extendía varios cientos de metros hacia el oeste.

El templo se levantó demasiado cerca de la llanura de inundación. Cada crecida anual del Nilo alcanzaba los cimientos, y con los siglos el agua, los terremotos y el reaprovechamiento de la piedra por parte de faraones posteriores lo desmontaron casi por completo. Lo que quedó en pie fueron precisamente las dos piezas más difíciles de mover: los colosos, tallados cada uno en un único bloque de cuarcita de unas setecientas toneladas.

Desde hace años hay un proyecto arqueológico permanente trabajando en el yacimiento, y el paisaje ha cambiado bastante respecto a como lo describían las guías antiguas. Se han recuperado y levantado nuevas estatuas colosales de Amenhotep III, se ha delimitado el perímetro y hay zonas excavadas visibles desde la carretera. Merece la pena mirar más allá de los dos colosos famosos, porque el conjunto se entiende mucho mejor.

Ese contexto explica algo que confunde a muchos visitantes: los colosos no representan a Memnón ni tienen relación con la guerra de Troya. Son retratos de Amenhotep III sentado, con su madre y su esposa Tiy talladas a menor escala junto a las piernas. El nombre griego fue un malentendido posterior que acabó imponiéndose.

Cómo encajarlos en el día de la orilla oeste

Los Colosos de Memnón casi nunca son un destino en sí mismos, y está bien que así sea. Están justo en la carretera de acceso a la necrópolis tebana, con lo que se ven de camino a los sitios grandes sin coste de tiempo apreciable. La parada típica dura entre diez y veinte minutos.

El orden que mejor funciona

  • Salir temprano y empezar por el Valle de los Reyes, que es lo que más calor acumula a mediodía y lo que más se llena.
  • Seguir con el templo de Hatshepsut en Deir el Bahari, también mejor por la mañana porque el anfiteatro de roca refleja mucho calor.
  • Parar en los Colosos a la vuelta, ya de camino al río.
  • Si queda tiempo y ganas, añadir Medinet Habu o el valle de los Artesanos en Deir el Medina, que reciben mucha menos gente y están entre lo mejor conservado de Luxor.

La parada en los colosos no requiere entrada: están al aire libre y junto a la carretera. Eso tiene una consecuencia práctica, y es que se concentran vendedores ambulantes. Un no amable y seguir caminando basta; no hace falta entrar en negociación si no interesa.

La mejor luz

Las estatuas miran al este, así que reciben luz frontal por la mañana y quedan a contraluz por la tarde. Para foto conviene la primera mitad del día. A última hora se puede aprovechar el contraluz de forma deliberada, con las siluetas recortadas contra el cielo, que también funciona bien.

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Datos concretos que ayudan a dimensionarlos

Las cifras de los colosos cuesta imaginarlas hasta que se está delante, y aun así conviene tenerlas para hacerse una idea de lo que supuso levantarlos.

  • Miden alrededor de dieciocho metros de altura, unos veinte contando las plataformas sobre las que se asientan.
  • Cada uno pesa en torno a setecientas veinte toneladas y está tallado en un único bloque de cuarcita, sin juntas.
  • La cuarcita no se extrajo en Luxor. Vino de canteras situadas cerca de la actual El Cairo, a más de seiscientos kilómetros río abajo, lo que implica un transporte fluvial extraordinario para el peso que se movía.
  • Se levantaron hacia el siglo catorce antes de nuestra era, durante el reinado de Amenhotep III.
  • El terremoto que agrietó el coloso del norte se sitúa habitualmente en torno al año 27 antes de nuestra era.
  • El sonido al amanecer se documentó durante casi dos siglos y cesó tras las reparaciones ordenadas en época del emperador Septimio Severo.

Hay además más de un centenar de inscripciones talladas por visitantes grecorromanos en las piernas y los pedestales, algunas firmadas por emperadores y funcionarios, contando si oyeron o no la voz. Es turismo documentado hace mil ochocientos años, en el mismo sitio donde hoy se para el autobús.

Antes de subir al autobús

Dedica dos minutos a rodear las estatuas y mirarlas desde detrás. Desde ese ángulo se ven las figuras de menor tamaño talladas junto a las piernas, que son la madre y la esposa del faraón, y se aprecia el estado real de la piedra tras treinta y cuatro siglos a la intemperie. Es el detalle que casi nadie mira porque todo el mundo fotografía la fachada y vuelve al vehículo.

Preguntas frecuentes sobre los Colosos de Memnón

¿Qué son los Colosos de Memnón?
Son dos enormes estatuas gemelas del faraón Amenhotep III, de unos dieciocho metros, en la orilla oeste de Luxor. Llevan más de tres mil años en el mismo lugar y marcaban la entrada de su gigantesco templo funerario, hoy casi desaparecido. Son lo poco que queda en pie de aquella maravilla.
¿Por qué se llaman Colosos de Memnón?
El nombre viene de una leyenda grecorromana: tras un terremoto, la estatua del norte emitía al amanecer un sonido que los griegos y romanos interpretaron como la voz del héroe mitológico Memnón saludando a su madre Eos, la aurora. En realidad, las estatuas representan al faraón Amenhotep III.
¿Es verdad que un coloso cantaba?
Sí, durante un tiempo. Tras agrietarse por un terremoto, la estatua del norte emitía al amanecer un sonido misterioso, probablemente por el aire y la humedad al pasar por las grietas calentadas por el sol. El fenómeno se apago para siempre cuando se repararon las grietas en época romana.
¿Merece la pena visitar los Colosos de Memnón?
Sí, aunque la visita es breve. Impresiona apreciar de cerca su escala colosal y la foto clásica con los dos gigantes es un clásico de Luxor. Además, su historia como uno de los primeros destinos turísticos del mundo, por la leyenda del coloso que cantaba, añade un atractivo extra.
¿Dónde están los Colosos de Memnón?
En la orilla oeste de Luxor, junto a la carretera que lleva al Valle de los Reyes y al templo de Hatshepsut. Por eso se visitan casi siempre como una parada rápida dentro del recorrido por la orilla oeste, normalmente por la mañana, aprovechando la salida temprana.
¿Hay que pagar entrada para los Colosos de Memnón?
No, están junto a la carretera y se ven libremente, sin entrada. Es una parada rápida que se hace de camino a las grandes visitas de la orilla oeste de Luxor, como el Valle de los Reyes. Pese a su brevedad, merece detenerse para apreciar de cerca su escala y hacerse la foto.

Los gigantes de piedra que vigilan Luxor

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