Anubis era el dios egipcio de la momificación y protector de las necrópolis. Se le representa como un cánido negro tumbado o como un hombre con cabeza de chacal, y su tarea era preparar el cuerpo del difunto, guiarlo al más allá y vigilar la balanza en el juicio de los muertos. Hoy se le ve en las tumbas de Luxor, en el templo de Hatshepsut y en el santuario dorado de Tutankamón.

De todos los dioses egipcios, Anubis es probablemente el que más rápido reconoce cualquiera: el perfil negro, las orejas afiladas, el hocico largo. Aparece en camisetas, videojuegos y tatuajes, casi siempre como un dios oscuro y amenazante. En las paredes de las tumbas, sin embargo, cuenta otra historia. Para los egipcios Anubis no era un dios de la muerte en el sentido que le damos hoy, sino el que cuidaba a los muertos: el que preparaba su cuerpo, lo protegía en la tumba y lo acompañaba en el viaje más importante de todos.
En esta guía te contamos quién era, por qué se le pinta de negro, qué papel tenía en el famoso juicio de los muertos, cómo pasó de ser el gran dios funerario a ayudante de Osiris y, sobre todo, dónde puedes verlo con tus propios ojos durante el viaje.
Anubis es el nombre griego del dios que los egipcios llamaban Inpu o Anpu. Es uno de los dioses más antiguos que conocemos: su imagen ya aparece en las tumbas de las primeras dinastías, hace más de cinco mil años, cuando enterrar bien a los muertos empezaba a ser la gran preocupación de la sociedad egipcia.
Su terreno era todo lo que rodeaba a la muerte y la sepultura. Era el señor de las necrópolis, las ciudades de los muertos que se levantaban en el borde del desierto, al oeste del Nilo. Era el patrón de los embalsamadores, que trabajaban bajo su protección. Y era el guía que tomaba de la mano al difunto para llevarlo ante los dioses del más allá, un papel que los griegos llamaron psicopompo, el que conduce las almas.
Los egipcios le daban títulos que describen bien ese trabajo: el que está sobre su montaña, porque vigilaba las tumbas desde lo alto de los acantilados; el que está en el lugar del embalsamamiento; y señor de la tierra sagrada, que era una forma de nombrar el cementerio. Ninguno de ellos tiene nada de siniestro: todos hablan de vigilancia y de cuidado.
La elección del animal tiene una explicación muy práctica. En el antiguo Egipto los cánidos salvajes rondaban de noche los cementerios del desierto y escarbaban en las tumbas poco profundas. Convertir a ese animal en el protector de los muertos era una forma de darle la vuelta al peligro: el mismo que podía profanar una tumba pasaba a ser su guardián. El animal que los egipcios dibujaban suele llamarse chacal, aunque hoy los zoólogos lo identifican con el lobo dorado africano, un cánido de patas largas que todavía vive en Egipto.
El color negro es la parte que más se malinterpreta. Anubis casi nunca es gris ni marrón como un animal real: es negro. Para un egipcio, el negro no era el color del luto ni del mal, sino el del limo fértil que dejaba la crecida del Nilo, el que hacía renacer los campos cada año. Era el color de la regeneración. Y era también el color que tomaban los cuerpos tras el embalsamamiento con resinas. Un Anubis negro decía, en una sola imagen, que la muerte iba seguida de una nueva vida.

Por eso, cuando en una tumba de Luxor veas a Anubis inclinado sobre una momia, no estás viendo una escena de terror. Estás viendo la promesa más importante de la religión egipcia.
Según el mito, Anubis fue el primer embalsamador. Cuando Set asesinó a su hermano Osiris y esparció su cuerpo por todo Egipto, Isis y Neftis reunieron los pedazos, y fue Anubis quien los unió, los envolvió en vendas de lino y preparó el cuerpo para que Osiris pudiera vivir de nuevo en el más allá. Osiris se convirtió así en la primera momia, y cada momificación posterior repetía aquel primer ritual.

Los embalsamadores egipcios trabajaban, literalmente, en nombre de Anubis. El sacerdote que dirigía el proceso representaba al dios, y hay indicios de que en algunas ceremonias llevaba una máscara con su cabeza. La momificación duraba en total unos setenta días: se retiraban los órganos, se secaba el cuerpo con natrón, se ungía con aceites y resinas y se vendaba con cientos de metros de lino, mientras se recitaban fórmulas en cada paso. Lo contamos con detalle en la momificación en Egipto.
El último gesto le correspondía también a Anubis. En la ceremonia de apertura de la boca, que devolvía al difunto la capacidad de respirar, comer y hablar en el más allá, las pinturas muestran a menudo a Anubis sosteniendo la momia de pie a la entrada de la tumba mientras los sacerdotes tocan su rostro con instrumentos rituales.
La escena más famosa en la que aparece Anubis es el juicio del difunto, la que ilustra el capítulo 125 del Libro de los Muertos. Es una imagen que se repite en papiros y tumbas con muy pocas variaciones, y vale la pena saber leerla porque la vas a encontrar muchas veces.
Anubis no decide el veredicto: su papel es garantizar que el procedimiento sea correcto. Es el funcionario honesto del más allá, y por eso los egipcios confiaban en él.
En el Imperio Antiguo, la época de las pirámides, Anubis era el principal dios funerario de Egipto. Las fórmulas de ofrendas que se tallaban en las tumbas se dirigían a él: el rey hace una ofrenda a Anubis para que el difunto reciba pan, cerveza y todo lo bueno. También llevaba el título de primero de los occidentales, es decir, señor de los muertos, que estaban en el oeste.
A partir de finales del Imperio Antiguo, el culto de Osiris creció hasta ocupar ese lugar. Osiris pasó a ser el rey del más allá y heredó el título de primero de los occidentales, y Anubis quedó como su ayudante, el que prepara y presenta a los difuntos. Es un buen ejemplo de cómo funcionaba la religión egipcia: los dioses no desaparecían cuando otro cobraba importancia, sino que se reorganizaban y se repartían las tareas.
Su genealogía también cambió con el tiempo. Los textos más tardíos lo hacen hijo de Osiris y de Neftis, criado por Isis, mientras que otras tradiciones lo relacionan con Ra o con la diosa vaca Hesat. Si te interesa el resto de la familia divina, lo explicamos en dioses del antiguo Egipto y en mitología egipcia.
Anubis aparece en tantos lugares que es más fácil decir dónde no está. Estos son los sitios donde mejor se le ve, ordenados como suelen aparecer en un viaje:

Con un guía egiptólogo, cada una de estas escenas se lee en unos minutos, y la visita a las tumbas cambia por completo. Si quieres ver varias de ellas en un mismo viaje, nuestras excursiones en Luxor combinan el Valle de los Reyes, el templo de Hatshepsut y Deir el-Medina en la orilla oeste.
Hay algunas pistas rápidas para no confundirlo con otros dioses de aspecto parecido:
La imagen moderna de Anubis como dios temible viene sobre todo del cine y de los videojuegos, que necesitaban un villano reconocible. En el antiguo Egipto no tenía ese papel: era un dios protector, y por eso tantos egipcios llevaban amuletos con su forma. Quien hoy se tatúa a Anubis suele buscar justamente esa idea de protección y de paso de una etapa a otra, que es bastante fiel al original.
En los bazares de El Cairo y Luxor encontrarás figuras de Anubis en piedra, madera y resina de todos los tamaños. Las de piedra tallada a mano pesan más y tienen aristas menos perfectas que las de molde. En qué comprar en Egipto te contamos cómo distinguirlas y cuánto regatear.
Era el dios de la momificación, protector de las necrópolis y guía de los difuntos en el más allá. Según el mito, embalsamó el cuerpo de Osiris, que fue la primera momia, y en el juicio de los muertos se encargaba de la balanza en la que se pesaba el corazón.
Para los egipcios era un dios protector. Cuidaba de los muertos, vigilaba las tumbas y garantizaba que el juicio del difunto fuera justo. Su imagen de dios oscuro y amenazante es moderna y viene del cine y los videojuegos.
Porque el negro era para los egipcios el color del limo fértil del Nilo y de la regeneración, no del luto. También era el color que tomaban los cuerpos tras el embalsamamiento. Un Anubis negro simbolizaba que después de la muerte venía una nueva vida.
Los egipcios representaban a un cánido salvaje del desierto que tradicionalmente se llama chacal. Hoy los zoólogos identifican a ese animal con el lobo dorado africano. En Saqqara, en cambio, los peregrinos ofrecían al dios perros momificados, por millones.
Depende de la época. En los textos más tardíos es hijo de Osiris y de Neftis y lo cría Isis. Tradiciones más antiguas lo relacionan con Ra o con la diosa vaca Hesat. La mitología egipcia cambiaba con el tiempo y de una ciudad a otra.
Llevaba al difunto a la sala del juicio y manejaba la balanza en la que se pesaba su corazón frente a la pluma de Maat. Thot anotaba el resultado y Osiris daba el veredicto. Si el corazón pesaba más que la pluma, el monstruo Ammit lo devoraba.
En el santuario de Anubis del tesoro de Tutankamón, en el Gran Museo Egipcio; en la capilla de Anubis del templo de Hatshepsut; en las tumbas del Valle de los Reyes y de Deir el-Medina, en Luxor; y vestido de legionario romano en las catacumbas de Kom el-Shoqafa, en Alejandría.
Quien se tatúa a Anubis suele buscar la idea de protección y de tránsito de una etapa a otra, que es fiel a lo que el dios significaba en el antiguo Egipto: el guardián que acompaña en los cambios más difíciles y vela por quien los atraviesa.
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